Desde mi ventana… una luna radiante, regalando a todos quienes les mire, un bonito reflejo… hoy miro la ciudad, desierta, solo la habitan los vehículos alineados de formas diferentes y colores varios…la iluminación es la propicia para dejarte llevar en un mundo de sueños…una ciudad silenciosa… ¡pero con tanto que contar!
Me adentro en la magia de su penumbra, dejo que mis ojos atraviesen muros y ventanas, troncos de madera de los árboles que parecen insignificantes, dejo que ellos me guíen hasta cruzar la sinceridad…
No dejo de sentir una melodía, la que la naturaleza me ofrece, llena de palpitaciones, movimientos interiores y lo más estremecedor… sentirla viva hace que mi viaje sea lo mas realista posible.
Voy por la superficie, la intemperie es dura, no es fácil, pues hace ser desconfiado ante cualquier situación, hay miles de barreras escondidas y cada una de ellas de la forma más rebuscada, pero con sigilo puedes acceder al corazón de la ciudad, indagando sus virtudes y sus defectos… voy recorriendo su cuerpo, lleno de cuestas y curvas, en las que denotan las pequeñas imperfecciones, pero ello no me deja atrás, quiero saber todo sobre ella y continuo.
Todo su cuerpo esta lleno de estabilidad, sus movimientos son calculados científicamente, y continuo para saber cual es el otro lado de la ciudad, el misterio de ella lo conocen pocos, solo aquellos que no se limitan a mirar desde la ventana.
A lo largo de mi viaje descubrí el géiser , descubrí de donde salen las lluvias, las que en ocasiones se convierten en grandes tormentas e incluso desagradables, cercioré de donde procedía la alegría de la primavera y la tristeza del otoño, donde las hojas se deslizan de los árboles como si de penas se trataran, la inestabilidad del verano, que unas veces es ardiente y en ocasiones bochornosos…
Ese géiser era calmado a la luz del día, a media tarde su pasión desbordaba los límites del control y por las noches se sumergía en sueños, salía de pronto todo aquel calor diurno y explotaba el vapor al caerle sobre el una gota de agua, por mínima que fuese…
Quise profundizar mi tramo, recorrí la mar verde-azulada, en ocasiones transmitía mucho desde su fondo… y otras se limitaba a seguir los pasos de las olas frías, su expresión derrumbaba a la fina arena e incluso dañaba sin darse cuenta…
Quise mirar en una de las ventanas, y me di cuenta que mirar tras algo que no puedes traspasar es dañino. Ver cosas que no puedes hacer nada ni a favor ni en contra, crea la impotencia, el ansia de romper todo cuanto interfiera. Es de ahí cuando la tierra crea sus propias malicias, destruye con su huracán todo cuanto se interpone, sin ser consecuente de los desperfectos ocasionados.
Descubro la pasión que hay entre el cielo y la tierra, el cielo le da calor durante todo el día, siguiendo todos sus giros. Poco a poco el deseo es mayor y cuando la tierra reclama, el cielo le ofrece con sensualidad unas gotas de agua, como si recorriera su cuerpo humedeciendo pasionalmente.
Cuanto mas aumenta el deseo, mayor intensidad tienes sus gotas, hasta llegar a la cumbre del deseo, gritando con un trueno de satisfacción. La lluvia desaparece y la tierra amanece mas radiante y fresca que nunca, con los colores naturales de un arco iris, demostrando la felicidad.
Regreso de la magia que me envuelve… y recobro la imagen de la ciudad desierta… sus coches alineados… la iluminación… y descubro nuevamente que la ciudad es como uno mismo y todos ellos. No acabé de descubrir la ciudad, como nunca descubres a los que te rodean… siempre te sorprenden, como la lluvia repentina, como el huracán desenfrenado y como los arco iris frescos y relucientes…
… todos somos una gran pequeña ciudad, que tarde o temprano alguien querrá adentrar en ella y sigilosamente sabrá localizar el corazón de esta….
Desasí….

