¿A QUE HUELEN TUS RECUERDOS?
PERO...¿QUE ES LA MEMORIA?
Te lo explicaré de una forma distinta. Imagina que es un sinfonier lleno de cajones por categorías. Tenemos diferentes tipos. La memoria sensorial ( formas, colores,) emocional ( cuando recordamos tu estado emocional se activa), ecoica ( se encarga de la información auditiva), semántica ( es el almacén de palabras, categorías y conceptos que reside en tu memoria a largo plazo) etc. Teniendo la capacidad de adquirir ,almacenar y recuperar información.
EL OLFATO; uno de los sentidos que evocan más fuerza en nuestro recuerdos.
Detente a pensarlo.
El olor a café de la mañana me transporta a una casa de madera, leña y frio de un pueblo de andorra. El primer beso lo recuerdo con inocencia con olor a «Farala». Cuando pienso en mi infancia, siento ese olor de casa de mi abuela y una sensación de familia que añoro.
Esto es una conexión bastante intima entre lo que recuerdas y lo que hueles, como te sientes al hacerlo, es una experiencia más emocional y sugestiva.
Yo hoy abriré mi cajón de la experiencia, del aprendizaje. Un cajón con dolor. Un cajón que llevó al perdón.
Cada vez que enciendo palo santo me lleva aquí...
Tenía veintitantos años y ahí estaba él con su pelo largo y rizado, con sus ojos analizadores y brillantes, con ese gesto de conquistador y bohemio.
Nos presentaron y en ese momento, cuando cruzamos la mirada, sentimos un fuego interno. Ese fuego que nos hizo unirnos en noches de pasión. Nuestros cuerpos estaban destinados a encontrarse ya que desde el primer instante la sincronicidad era absolutamente impactante.
Cuando sus dedos acariciaban mi cuerpo la electricidad recorría sigilosamente por todo mi ser.
Pasábamos largas noches hablando de todo, incluso a un nivel más espiritual. ¡Qué decir!. No siempre encuentras la afinidad en las conversaciones…
Éramos muy diferentes, y eso conllevó que en algunos viajes que hicimos cada uno tenía una manera de vivirlos; él era de campings, aventuras tales como colarse en ellos, de no pagar la gasolina hasta que el karma instantáneo llegó. Pues se equivocó y nos quedamos parados tres días en Estepona… claro… el karma no separaba. Yo iba con él, así que los dos pagamos las consecuencias. En cambio, yo era de hoteles, pagarlo todo y cero inmadureces.
Decidimos vivir juntos haciendo muchos planes, y creándonos muchas expectativas.
Vivimos una relación completamente intensa, nos amamos con mucha intensidad, todo lo que sucedía bueno o malo era en esa extensión.
Habíamos hablado de ser padres e incluso imaginábamos a ese bebé caminando por la casa.
Y lo que empezó como teoría un día llegó con total realidad…
Recuerdo perfectamente esa mañana de febrero cuando antes de irnos a Venecia me hice la prueba de embarazo. Esa mañana mi olor era a naranja y de igual modo que ellas, mi mañana se convirtió en el más ácido pero atractivo y soñador de los días cuando la prueba dice SI rotundo.
Sebas no supo reaccionar, su rostro se tornó serio y dudoso, y nuestro viaje fue cuanto menos raro.
Como mujer entré en conflicto ya que no podía permitirme alegrarme porque no sabía qué íbamos a hacer. No podía permitirme soñar con ese bebe que había dentro de mí y aunque lo quería no podía sentirme bien si lo hacía solo tomando mi decisión.
Llamé a mi hermana, padre, amigos e incluso a mi anterior pareja… todos me decían lo mismo y yo seguía en mi conflicto. Sebas lloraba por los pasillos de la casa, me abrazaba, decía no sentirse preparado y un sinfín de dichos tópicos lógicos en alguien que tiene el síndrome de “Peter Pan”.
Así que tal y como a veces hago en mi vida me dije:
– Dejaré que el universo tome la decisión por mí-
Y acto seguido llamé al ginecólogo para pedir cita y a la clínica para hacer el proceso de aborto, siendo esta última quien me daba la primera fecha…. Aunque en lo más profundo de mi corazón pensaba que el universo daría que quería tenerlo.
Durante esos 21 días de espera mis emociones subían y bajaban como si de un tobogán se tratara. La decepción. El rencor. La culpa. El desamor. Dudas y más dudas.
Creedme que probé todas las tretas, pero el universo por algo debía querer seguir adelante.
Llegó el día…¡aborté!.
Desde ese momento, aunque es duro reconocer que sentí alivio, y no por perder mi bonita ilusión si no porque desde ese instante no existía vínculo alguno con él. Ese día le dije que lo nuestro había terminado y que toda mi admiración y respeto se habían ido juntamente con el aspirador.
Lo pasé francamente mal. Incluso tuve que pedirle que no bastaba solo con salir de casa. Necesitaba que se fuera de la ciudad porque era el único modo de poder desvincularnos…todos esos años habíamos sido uno…
Un año después él decidió irse a argentina. La despedida fue dura. Es como ver la realidad de tus actos, él no paraba de llorar pidiendo perdón y yo no dejaba de llorar porque al irse él se iba todo definitivamente. Incluida la esperanza de volver a intentarlo.
Aún recuerdo mi imagen al llegar del aeropuerto. Entre en casa, tiré las llaves al suelo, me quité los zapatos mientras seguía caminando hacia el pasillo, me senté en el suelo y no deje de llorar durante dos largas horas…
Él me llamaba cada tres días y yo notaba en su voz el arrepentimiento pero a mí ya no servía todo eso.
Tuvo que ir al psicólogo ya que fue algo que él tampoco pudo olvidar. ¿Quién podría olvidarse de algo así cuando has amado, ¿no?.
Dejamos que pasara algún tiempo sin hablarnos.
Cada uno hizo su proceso de sanación correspondiente y en el 2017 volvió a llamarme y ahí volvimos a darnos cuenta de esa sincronicidad.
Él me dijo que le gustaría que fuese a verle, y yo en ese mismo instante compré el billete para ir dos meses después.
¡Nos íbamos a ver! ¿Cómo sería? ¿Qué reacción tendríamos?. Yo tenía esas mariposas que se tienen cuando te enamoras, con la diferencia que lo mío no era amor… simple y meramente una intriga y recelo de volver a abrir ese cajón blindado por si dolía. Desde nuestro fin no había querido tener pareja, me había convertido en una mujer distante para el sexo opuesto. Solo quería pensar en mi…
¡Qué bonito reencuentro!. La edad era la diferencia aunque seguíamos siendo esa pareja distinta pero iguales, seguían estando esas conversaciones profundas, seguíamos teniendo nuestra esencia.
Yo le dije; “he venido para perdonarte, para dejar que sigas tu vida sin llevarme anclada en tu pasado con dolor, para poder seguir mi camino sin que tú seas parte de mi frustración. He venido para que juntos podamos ver el sentido a todo lo que pasó, y decirte que SÍ te quiero, pero para que seas feliz, para que puedas dar lo mejor de ti a otra mujer, para que puedas ser padre sin miedos”.
Creo que esas palabras me hicieron ver que ya había sanado, ya había perdonado pero sobre todo a mi recuerdo. El que se tornaba gris y negro dependiendo el día. Recuerdo que siempre me hacía ansiosamente dependiente de ser madre aunque fuera soltera… todo eso se había disuelto, se había ido la culpa y el rencor. En ese mismo instante se convirtió en evolución, en experiencia, pero sobre todo en aprendizaje.
Y así como antes olía Palo santo y mi cuerpo se retorcía sintiendo pena, dolor y vacío. Hoy huelo palo santo, cierro los ojos y digo:
– ¡Qué bonita relación tuvimos, qué cosas mas divertidas hicimos. Conocimos nuestro lado más niño, nuestro rincón rebelde y nuestra alegría camuflada de inmadurez tal vez!-.
El dolor no se irá nunca pero sí cambia el modo de recordar. No existe rencor si no el reconocimiento de que así como estábamos destinados a encontrarnos, no estábamos destinados a unirnos de por vida. Solo una etapa llena de muchas complejidades aunque bonita. Que quise ser madre y no fui y quién sabe… tal vez lo sea, pero hoy lo pienso sin el apego, sin la necesidad y dejando que el presente me lleve hacia mi futuro sin expectativas. Solo con ilusión.
